El refugio del vencejo

Es el aire: la libertad llevada al extremo, la que aprisiona como una cárcel de amor y odio; como el mar a la tierra, el sol al día, el fuego a la noche. Y al final, el resultado es el mismo: el refugio de la carcoma. Cada cual existiendo en su prisión inevitable y amada, gastando la vida en doblones de oro sin valor. Solo vale el brillo, la brisa en el sarmiento. No es el nombre, sino el apodo. Ahora, vuela —o arrástrate— por las galerías carcomidas del alma: el desenlace será el mismo, siempre incierto.

Entrevista | Pensar en lo social cuando todo empuja en sentido contrario

17 de septiembre de 2025

En respuesta a Marina Valero https://shre.ink/SK1f

Introducción y propósito  A aquellos que vieren y entendieren: Lanzar propuestas sobre políticas públicas para mejorar la vida de las familias es, en realidad, relativamente sencillo. Incluso una inteligencia artificial puede hacerlo sin despeinarse.  El verdadero desafío comienza cuando esas propuestas intentan encarnarse en políticas reales, dentro de sistemas políticos donde muchos dirigentes —encerrados en su particular ceguera— fijan su atención en la conservación del poder más que en el crecimiento del bienestar colectivo.    Con esa inquietud de fondo, he querido abordar este tema en formato de entrevista. No tanto para buscar respuestas perfectas, sino para ahondar en las tensiones, los márgenes y los límites reales que enfrentan hoy quienes aún creen que la vida digna debería estar en el centro de toda acción política. 

IN:

¿Qué piensas que podría hacer el sector público para Qué piensas que podría hacer el sector público para apoyar a las familias? apoyar a las familias?

IA:


El sector público tiene herramientas claras y efectivas para mejorar las condiciones de vida de las familias, si asume su papel no solo como regulador económico, sino como garante del bienestar cotidiano. Estas son algunas de las medidas más relevantes: 1. Reducir y reorganizar la jornada laboral. 2. Ampliar y fortalecer los servicios públicos de cuidados. 3. Asegurar ingresos suficientes y estables. 4. Invertir en vivienda pública y limitar la especulación. 5. Universalizar los permisos parentales igualitarios. 6. Simplificar la relación entre ciudadanía y administración. 7. Integrar el enfoque de familia en todas las políticas públicas. Pensar en el bienestar familiar no es un gesto simbólico: es una decisión estratégica que fortalece la cohesión social y la salud democrática.

IN:

Ahora me gustaría hablar de cómo encajar estas propuestas y reflexiones en un entorno geopolítico. España no está sola. La capacidad de acción social de sus gobiernos dependerá en gran medida de la relación con un entorno cada vez más caótico, belicista y deshumanizado. ¿Cómo lo ves?

IA:


Las políticas públicas no existen en el vacío. La capacidad de un Estado para cuidar a su población depende también de las coordenadas globales en las que se mueve. Hoy ese entorno es marcadamente adverso: guerra, tensiones comerciales, auge de regímenes autoritarios. Todo esto redibuja el equilibrio entre lo social y lo militar. España tiene márgenes de maniobra, pero limitados. Aun así, pensar en políticas sociales no es ingenuo: es una necesidad estratégica. En tiempos de inestabilidad, lo que sostiene a las democracias no es el gasto en defensa, sino la legitimidad interna. Por eso, los gobiernos deben seguir apostando por una agenda social fuerte, incluso —y sobre todo— en contextos de presión geopolítica.

IN:

Los países europeos, en su mayoría, se han comprometido a incrementar hasta un 5% el PIB en gasto para armamento. Macron alertaba la semana pasada de que los hospitales franceses deberían estar preparados para atender en la primavera del 2026 a más de 10.000 soldados heridos por una guerra que parece ser inevitable. ¿Cómo es posible pensar en políticas sociales —que sería algo así como pensar en el futuro— con un panorama desolador como el que describo?

IA:


Cuando los gobiernos priorizan el gasto militar masivo, desplazan recursos, atención pública y legitimidad simbólica. Si se normaliza que haya presupuesto para tanques pero no para atención primaria o vivienda, lo que se debilita no es sólo el Estado del bienestar, sino el propio contrato democrático. Las políticas sociales no deben plantearse como lo que queda "después" de asegurar la defensa. Deben entenderse como infraestructura de seguridad civil. Un país con una red pública fuerte, ciudadanía cohesionada y servicios accesibles es más estable y menos vulnerable a discursos autoritarios.

IN:

Hasta ahora nos hemos centrado en lo público, pero poco a poco ha ido entrando lo privado. ¿Qué puede hacer el sector privado para apoyar a las familias?

IA:


El sector privado tiene una responsabilidad ineludible. Muchas condiciones que determinan el bienestar —el horario, el salario, la estabilidad— se definen dentro de las empresas. Algunas medidas clave: 1. Reorganizar el tiempo de trabajo. 2. Garantizar estabilidad y salarios suficientes. 3. Favorecer la corresponsabilidad. 4. Apoyar directamente a las familias trabajadoras. 5. Incluir el cuidado en la estrategia empresarial. Un modelo empresarial que apuesta por el bienestar de su plantilla no es solo más justo: es también más sostenible y más productivo.

IN:

¿Y qué puede hacer el sector privado para combatir la división sexual del trabajo?

IA:


Combatir la división sexual del trabajo exige revisar las bases estructurales del empleo. Algunas líneas de acción urgentes: 1. Auditorías salariales y transparencia retributiva. 2. Promoción del liderazgo femenino. 3. Corresponsabilidad real dentro de la empresa. 4. Formación en igualdad y revisión de dinámicas internas. 5. Invertir en sectores feminizados y precarizados. No basta con "no discriminar". El sector privado debe ser un actor proactivo en la construcción de igualdad.

IN:

Volviendo a la idea de que va a ser difícil implementar políticas sociales en el momento geopolítico actual: ¿Qué papel crees que deberían ejercer los sindicatos de clase? ¿Cómo crees que deberían adelantarse al posible colapso social que se nos viene? Si los problemas socioeconómicos se agravan y las ultraderechas siguen creciendo, ellos mismos corren el peligro de colapsar.

IA:


La pregunta es pertinente y urgente. Los sindicatos de clase ya no pueden actuar como si estuviéramos en tiempos de normalidad democrática y estabilidad institucional. El riesgo no es solo que las políticas sociales no se implementen. El riesgo es que se instale un nuevo consenso autoritario donde los derechos laborales y sociales se vuelvan irrelevantes, y donde los sindicatos sean percibidos como estructuras del pasado o incluso como obstáculos al orden.

En este contexto, su papel no puede limitarse a la negociación colectiva. Tienen que anticipar, adaptarse y asumir un rol político más amplio. Algunas claves:

Leer el momento histórico con claridad Entender que nos dirigimos a una fase de alta conflictividad social, donde la desigualdad, la crisis ecológica y el miedo al colapso serán instrumentalizados por fuerzas reaccionarias. Los sindicatos deben posicionarse como actores capaces de ofrecer estabilidad sin autoritarismo, justicia sin venganza, comunidad sin exclusión.

Conectar con las capas más expuestas al deterioro social Las personas más jóvenes, las más precarias, las migrantes, las que están fuera del empleo formal. Si no logran representar a quienes ya viven al margen del modelo tradicional de empleo, serán fácilmente desplazados por otras formas de organización —a menudo más emocionales, más identitarias y más peligrosas.

Volver a ser escuelas de ciudadanía crítica No solo lugares de defensa de derechos, sino espacios donde se comprenda el funcionamiento del sistema, se analicen los riesgos colectivos y se genere pensamiento político. En tiempos de desinformación y cinismo, esto es estratégico.

Anticipar escenarios de ruptura y organizar desde abajo Prepararse para actuar cuando el Estado falle o se reconfigure. Esto implica fortalecer redes solidarias, impulsar cooperativas, proteger bienes comunes y articular alianzas amplias con otros movimientos sociales.

Reforzar su autonomía y legitimidad Para no quedar atrapados entre gobiernos débiles y populismos autoritarios, los sindicatos deben recuperar legitimidad ante sus bases. Eso exige autocrítica, transparencia, apertura generacional y valentía política.

Si no se reinventan como estructuras de resistencia democrática frente al caos, corren el riesgo de desaparecer o de ser absorbidos como parte del decorado institucional. En cambio, si están a la altura del momento, pueden convertirse en una de las pocas fuerzas capaces de sostener comunidad, redistribución y dignidad en medio del desconcierto.

IN:

Hay algo que no me termina de convencer del tono de esta entrevista. Suena vacía, incluso voluntarista. Sinceramente, creo que antes de volver a la senda del bienestar social vamos a pasar por un conflicto social abierto. La polarización extrema impide ya no solo el consenso, sino la posibilidad misma de una actitud reflexiva. El nivel de agresividad y chabacanería que se ha instalado en la esfera pública da miedo. Vuelve esa España de charanga y pandereta, pero más agresiva, más cínica, más desquiciada. Y Europa, mientras tanto, parece una viuda rica abandonada por su amante norteamericano, aferrada a los rituales del pasado, incapaz de leer el presente. Vive atrapada en el día de la marmota, y cuando despierte, quizás sea demasiado tarde. En este clima… ¿realmente hay espacio para pensar en políticas sociales?



Cierre Quizá sea también el momento de recuperar la tan lastimada palabra “woke”, degradada por el desprecio de las ultraderechas, y restituirle su valor original, ese que recuerda que estar despierto es condición necesaria para defender nuestros derechos. Como escribió Troy Nahunko en CTXT, el 25 de agosto de 2025: “Más vale estar despierto para defender nuestros derechos”.